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Una vida entera por conocer

La maldición de Tutankamon.

a exploración de nuevos y vastos territorios en Asia, África, Oceanía y América por parte de las potencias coloniales europeas, un mundo desconocido y fascinante se abría al público del Viejo Continente. Las historias de los miles aventureros de que se adentraron en las desconocidas tierras, sumadas a los mitos y leyendas locales que resultaban extraordinariamente atractivas para el ávido público, forjaron nuevos mitos y nuevas leyendas.
Búsquedas de míticos e inconmensurables tesoros provocaron la partida a aquellos territorios de gran cantidad de expediciones con maquillaje científico. Es por este motivo que muchos e invaluables tesoros culturales fueron malogrados por cazadores de fortuna que tentaban suerte de este modo. Resultaba realmente atractivo tratar de encontrar algún tesoro escondido por siglos e inclusive milenios, que proporcionara la tan anhelada riqueza material.
A partir de la toma de Egipto por parte de Napoleón Bonaparte, este país se convirtió en uno de los sitios predilectos por esta clase de expedicionarios, debido en gran medida por la costumbre de los antiguos egipcios de enterrar a sus muertos con parte de su fortuna y utensilios elementales, para que el difunto tuviera todo lo necesario en el otro mundo.
Gran cantidad de tumbas y templos fueron saqueados durante todos los tiempos, incluyendo durante el propio imperio egipcio. Pero nada es comparable con las correrías desatadas a partir del siglo XIX y que continuaron hasta bastante adentrado el siglo XX. Sin embargo, a fines del siglo XIX y principios del XX, algunas universidades europeas tomaron conciencia de la verdadera riqueza de aquellos sitios, organizando una gran cantidad de expediciones verdaderamente científicas, muy bien intencionadas, pero que muchas veces cometieron errores metodológicos que llevaron a que, a pesar de las buenas intensiones, se produjeran daños irreparables. De todas formas, esto significó un cambio importante en la conducta de los europeos en los territorios explorados.

El hallazgo de la tumba

El 4 de noviembre de 1922, habría de pasar a la historia como uno de los mojones más trascendentes de la historia de la arqueología y como el día de gloria de Howard Carter. Realizando excavaciones en uno de los últimos puntos, se encuentran con la tumba de Tutankamon.
Cuando por fin pueden tener acceso a la puerta y derribarla parcialmente, todos los presentes quedaron atónitos ante la visión que les ofrecía el interior de la tumba. Se encontraban ante un salón, en cuyo extremo opuesto se encontraba otra puerta, custodiada por dos estatuas de piedras. En desorden se encontraban, esparcidos en el interior del salón, varios objetos cuya belleza sorprendieron a todo el mundo, además de su incalculable valor monetario.
Cuando pudieron abrir la segunda puerta, se encontraron con la antecámara, la que también se encontraba con muchos objetos de valor, así como utensilios variados, necesarios para la vida más allá de la muerte, según la creencia de los antiguos egipcios.
No fue hasta febrero de 1923 que pudieron tener acceso a la cámara mortuoria, debido a la gran cantidad de trabajo (fotografía, catalogación y traslado para su estudio) que debían hacer con los objetos encontrados en las dos primeras cámaras. Si habían quedado sorprendidos por los hallazgos hechos en las cámaras anteriores, mucho mayor fue la sorpresa cuando ingresaron a la cámara mortuoria, ya que se hallaba colmada de una enorme cantidad de objetos valiosísimos, tanto en su valor en oro como por la belleza de objetos tan finamente elaborados.
También tuvo su suspenso el acceso a la momia del rey, ya que se encontraba en una sucesión de sarcófagos.

La maldición de Tutankamon

Siete semanas después de la apertura de la cámara mortuoria, Lord Carnarvon, en medio del período de su vida más glorioso, fallece en El Cairo a donde había sido trasladado para su tratamiento, el 5 de abril de 1923, víctima de una infección generalizada. Es natural, que siendo una de las figuras más destacadas en el ambiente científico de aquellos tiempos, su fallecimiento haya resultado una noticia trascendente en toda Europa. Como era de esperarse, en un período de la historia donde a las noticias se les daba un cierto toque romántico, se asociaran a su muerte algunos hechos extraños que nunca fueron confirmados, pero que comenzaban a calar en la imaginación popular.
Pero la muerte de Lord Carnarvon fue la primera de una serie de muertes y acontecimientos extraños ocurridos a otros integrantes del equipo de excavación.Autrey, hermano de Carnarvon, falleció seis meses después de aquel, como consecuencia de una infección ocasionada por una operación menor. Arthur Mace, ayudante de Carter, falleció de una pleuresía antes de que finalizaran los trabajos en la tumba. Tras haber visitado el descubrimiento, un príncipe egipcio falleció. Un científico que se encontraba visitando las excavaciones, se precipitó al vacío y murió algunos días después como consecuencia de las heridas. Breasted, otro egiptólogo que se encontraba trabajando en el equipo, falleció a causa de una infección. Otros miembros del equipo, murieron poco tiempo después, como consecuencia de enfermedades en la mayoría de los casos.
Investigadores modernos intentan explicar estas extrañas muertes, con lo fácil que resultaba en aquellos tiempos, cuando la penicilina no existía, morir como consecuencia de enfermedades que hoy en día no resultan más que una molestia.
Sin embargo, muchos sostienen que tan extraña sucesión de acontecimientos funestos, tienen como única explicación la maldición de la tumba de Tutankamon. Como en tantos otros extraños acontecimientos de la historia, la falta de evidencias científicas comprobables permite sostener el mito a través de los tiempos.

Lluvia de animales es un fenómeno meteorológico extraordinario, que consiste en la caída del cielo de numerosos animales, frecuentemente de una sola especie. Esta precipitación atípica puede o no estar acompañada de lluvia común. El fenómeno ha ocurrido en muchas regiones a lo largo de la historia. Se han registrado testimonios del mismo en diversas épocas y países, lo cual ha dado origen a muchas leyendas y polémicas.
Con mayor frecuencia, estas «lluvias» están compuestas por peces o ranas, aunque hay historias que mencionan algunas especies de pájaros. En ocasiones, la lluvia es tan violenta, que los animales acaban destrozados en el suelo. A veces, los animales sobreviven al golpe, particularmente los peces, lo cual hace pensar que el intervalo transcurrido entre su despegue y el retorno al suelo, es relativamente breve. Algunos testimonios describen lluvias de ranas, donde los animales están intactos tras su caída. A veces, los animales caen completamente helados, o están atrapados dentro de bloques de hielo; demostrando así que antes de caer, su altura era muy elevada, donde la temperatura ambiente era inferior a 0 °C.
Desde hace mucho tiempo, la ciencia ha descartado muchas de las explicaciones que le son ofrecidas; por considerarlas exageradas, poco fiables o no comprobables. En 1859, un testigo de una lluvia de peces en el pueblo de Mountain Ash envió un espécimen al zoológico de Londres. J. E. Gray, director del Museo Británico, declaró que «a la luz de los hechos, lo más probable es que se trate de una broma: uno de los empleados de Mr. Nixon le ha vaciado encima un balde lleno de peces, y éste último pensó que le caían del cielo».
Lógicamente, las lluvias de animales estuvieron sin explicación científica durante mucho tiempo, mientras que se desarrollaban hipótesis que iban desde los intentos lógicos de explicarse el fenómeno, hasta lo absurdo. En el siglo IV a. C., el filósofo griego Teofrasto negó la existencia de lluvias de sapos, explicando simplemente que los sapos no caen durante la lluvia, sino que esta última los hace salir de la tierra. En el siglo XVI, Reginald Scot se aventuró a dar una hipótesis. Según él, «es cierto que algunas criaturas son generadas de manera espontánea, y no necesitan de padres. Por ejemplo estas ranas venidas de ninguna parte. Ellas fueron transportadas por la lluvia. Estas criaturas nacen de los aguaceros...». En el siglo XIX, se pensaba que la evaporación del agua llevaba los huevos de rana a las nubes, donde eclosionaban y caían a la tierra en un chubasco.


Testimonios de Lluvias de animales

Gracias a la prensa escrita, en la época moderna se han generado muchos testimonios, atestiguados por un mayor número de personas, lo cual les incrementa su confiabilidad. A continuación se listan algunos ejemplos:

En 1578, grandes ratones amarillos cayeron sobre la ciudad noruega de Bergen.

Según un tal John Collinges, una lluvia de sapos azotó la aldea inglesa de Acle, en Norfolk. El tabernero del lugar los retiró por centenas.

El 16 de febrero de 1861, la ciudad de Singapur sufrió un temblor de tierra, seguido de tres días de abundantes lluvias. Tras el final de las lluvias, los habitantes de Singapur vieron que en los charcos había miles de peces. Algunos de ellos afirmaron haberlos visto caer del cielo, aunque otros se mostraron más reservados al dar su testimonio. Cuando las aguas se retiraron, se encontraron otros peces en los charcos que se habían secado, notablemente en lugares que no habían sufrido inundaciones.

La revista Scientific American registra el informe de un chubasco de serpientes que alcanzaban alrededor de 45 cm) en Memphis, el 15 de enero de 1877. En Estados Unidos, se registraron más de quince informes de lluvias de animales, solamente en el siglo XIX.

En junio de 1880 se abatió una lluvia de codornices sobre Valencia (España).

El 7 de septiembre de 1953, millares de ranas cayeron del cielo sobre Leicester, en Massachusetts, Estados Unidos.

En 1968, los diarios brasileños registraron una lluvia de carne y sangre, sobre un área relativamente grande.

Canarios muertos cayeron en la ciudad de St. Mary’s City, en Maryland (Estados Unidos), en enero de 1969. Según el diario Washington Post del 26 de enero de ese año, el vuelo de los canarios se interrumpió súbitamente, como si hubiera habido una explosión, que nadie vio ni escuchó.

En 1978, llovieron cangrejos en Nueva Gales del Sur, en Australia.

En 2002, llovieron peces en Grecia.


Explicación científica

En contra de la mayoría de sus colegas contemporáneos, el físico francés André-Marie Ampère consideró que los testimonios de lluvias de animales eran verdaderos. Ampère intentó explicar las lluvias de sapos con una hipótesis que después fue aceptada y refinada por los científicos. Ante la Sociedad de Ciencias Naturales, Ampère afirmó que en ciertas épocas los sapos y las ranas vagabundean por los campos en grandes números, y que la acción de vientos violentos puede capturarlos y desplazarlos a grandes distancias.
Más recientemente, apareció la explicación científica del fenómeno, que involucra a las trombas marinas. En efecto, los vientos que se arremolinan debajo del meteoro son capaces de capturar objetos y animales, gracias a una combinación de la depresión en la tromba, y de la fuerza ejercida por los vientos dirigidos hacia ésta.

Lluvia de peces
En consecuencia, estas trombas, o incluso tornados, transportaran a los animales a alturas relativamente grandes, recorriendo además grandes distancias. Los vientos son capaces de recoger a los animales presentes en una superficie relativamente extensa, y los dejan caer, en masa y de manera concentrada, sobre puntos localizados. Más específicamente, algunos tornados y trombas podrían secar completamente una charca, para dejar caer más lejos el agua y la fauna contenida en ésta, en forma de «lluvia de animales».
Esta hipótesis aparece reafirmada por la naturaleza de los animales de estas lluvias: pequeños y ligeros, generalmente surgidos del medio acuático, como batracios y peces. También es reafirmante el hecho de que, con frecuencia, la lluvia de animales está precedida por una tormenta. Sin embargo, hay algunos detalles que no han podido ser explicados. Por ejemplo, el que los animales a veces sigan vivos aún después de la caída, y algunos de ellos en perfecto estado. Otro aspecto es que normalmente cada lluvia de animales se manifiesta con una sola especie a la vez, casi nunca mezclándolas ni incluyendo algas u otras plantas.
Esta aparente anomalía se podría explicar en el caso de los pájaros, si la tromba atraviesa una parvada en particular que se encuentra en pleno vuelo, especialmente en épocas de migraciones.
En algunos casos, se han alegado causas diferentes para algunas supuestas lluvias de peces. Por ejemplo, en el caso de la lluvia de peces en Singapur de 1861, el naturalista francés Francis de Laporte de Castelnau explica que el chubasco tuvo lugar durante una migración de peces-gato, y que estos animales son capaces de arrastrarse sobre la tierra, para ir de un charco a otro; como las anguilas, que pueden recorrer varios kilómetros en los prados húmedos, o los lucios que van a reproducirse en los campos inundados. Además, explica que el hecho de haber visto los peces en el suelo inmediatamente después de la lluvia no es más que una coincidencia, ya que normalmente estos animales se desplazan sobre el suelo húmedo de rocío, o después de un chubasco o una inundación.
Entre las explicaciones no científicas del fenómeno, se encuentran las interpretaciones paranormales que alegan intervenciones de seres extraterrestres. En efecto, no faltan autores que describen a estos visitantes recogiendo grandes cantidades de animales como lastre, para después dejarlos caer antes de dejar nuestro planeta. Las lluvias de sangre y carne estarían vinculadas a una selección hecha por los visitantes, para aligerar sus almacenes.
También persisten explicaciones sobrenaturales, que pueden ser de naturaleza religiosa. Dependiendo del tipo de objeto o animal que cae a la tierra, el fenómeno es percibido ya sea como un castigo, como en el caso de las piedras que cayeron sobre el ejército amorita en el Antiguo Testamento; o como un signo providencial de bondad divina, cuando se trata de animales comestibles.